Cartas postales

¿Qué viene a tu mente cuando escuchas el nombre Edward Whymper?

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Hace justamente 140 años, Edward Whymper cerraba su exploración de los Andes del Ecuador con un segundo ascenso al Chimborazo. Cuando se encontraba en la cima —como si se tratase de un homenaje al hombre que había escalado hasta la cumbre de casi todos las grandes montañas del Ecuador por primera vez— el Cotopaxi erupcionó y cubrió el cielo de ceniza varios kilómetros a su alrededor. “Vimos un sol verde y manchas de color rojo ladrillo en lo alto del cielo… No hay palabras que puedan expresar la apariencia de estos extraños colores que aparecían en el cielo un momento y desaparecían enseguida”, escribiría años después el autor de Travels amongst the great Andes of the Equator.

En 2017, inicié una investigación acerca de la memoria que existe sobre este viaje exploratorio. Recorrí páramos, arenales y glaciares, pasé tardes enteras desempolvando documentos en archivos personales y públicos, visité decenas de librerías de viejo… todo con el fin de buscar, inventariar y fotografiar los rastros que aquel viaje había dejado. Cuando creí que la tarea estaba lista, me percaté que aún quedaba otro terreno donde hurgar: la memoria viva, es decir, lo que la gente de hoy recuerda o evoca respecto a algo del pasado.

Para sumergirse en ese pantano que llamamos memoria hacía falta una estrategia. La mía fue: crear unas cartas postales con imágenes relacionadas al viaje del inglés y enviarlas —junto con una pregunta y un instructivo— a varios destinatarios ubicados en distintos puntos del orbe, sobre todo, en Ecuador e Inglaterra, donde el nombre Edward Whymper podía resultar familiar y, por tanto, despertar la memoria o, acaso, la imaginación. Los destinatarios eran amigos, conocidos, personas públicas o simplemente desconocidos que había elegido sin una razón obvia. Sobre este tema, no me comunicaría con ellos ni antes ni después del envío de las tarjetas postales, y menos por otra vía que no fuese la elegida.

La pregunta era: ¿Qué viene a tu mente cuando escuchas el nombre Edward Whymper? Y el instructivo pedía: contestar la pregunta de forma honesta, es decir, sin echar mano de una averiguación, y enviar la carta postal de vuelta a su emisor por el mismo camino: el Correo Nacional.

Envíe las cartas postales, al mismo tiempo, desde dos puntos: mi lugar de residencia en Londres y la casa de mis padres en Quito. Luego de tres semanas, una a una fueron llegando las que había enviado desde Londres. Por el contrario, la mayoría de cartas remitidas desde Quito jamás volvió, quizá porque los destinatarios no se tomaron el tiempo de responderlas y devolverlas al correo, o probablemente porque las cartas postales se perdieron en el camino. No era mi intención averiguarlo. Las postales desaparecieron así como desaparece la memoria.

Con las cartas que retornaron formé una bella colección ya no de tarjetas postales, sino de firmas, frases, dibujos y rayones que, de cierta manera, dieron una forma al recuerdo que existe sobre el protagonista de los primeros ascensos a las montañas del Ecuador, allá por 1880.