La cuerda rota

140 años después del viaje de Edward Whymper al Ecuador

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El 4 de enero de 1880, el explorador inglés Edward Whymper se convirtió en la primera persona en pisar la cumbre de la que entonces se consideraba la montaña más alta del mundo: el Chimborazo.

Durante su estadía de siete meses en Ecuador, Whymper no sólo escaló esta montaña, sino también la cima de otras nueve, de las cuales, siete no habían sido escaladas antes. Además, estudió los efectos nocivos que produce la altura en el cuerpo humano, determinó la altitud de varios puntos geográficos, formó una colección de objetos prehispánicos y tomó muestras de la fauna que habita en los páramos. Gracias a este trabajo de recolección, 28 insectos fueron descubiertos por la ciencia.

Doce años después, las memorias y estudios científicos de este viaje se publicaron en Travels amongst the great Andes of the Equator, Supplementary Apendix y How to use the aneroid barometer, tres libros bellamente ilustrados por el propio autor, cuyo aporte al conocimiento fue reconocido por la Royal Geographical Society. El libro de memorias se volvió un referente en el campo de la literatura de aventura, y su influencia se aprecia en las obras Romance, del poeta Turner, y El País de los ciegos, de G. H. Wells.

¿Qué queda hoy de todo esto?

La cuerda rota es un trabajo que no pretende revivir la figura de un hombre y menos “escribir” su biografía. Sino que, a partir de un hecho puntual —un viaje exploratorio— invita a reflexionar en la construcción de la memoria: ¿Qué es lo que se recuerda? ¿Por qué se lo recuerda? ¿Cómo se lo recuerda?; y en la incidencia del paso del tiempo sobre toda acción humana. Más que la historia oficial, interesa el discurso anónimo que se teje con pequeñas historias particulares.

Esta reflexión se plantea con base en testimonios y fotografías de lugares, objetos y personas que —conscientemente o no— guardan un vínculo con este viaje: un frasco con ceniza volcánica, una librera londinense, una colección de insectos de un laboratorio de Entomología, un hotel en Riobamba, un joven que nació a 5.000 metros, un alpinista que ha escalado la cima del Chimborazo más de 1.000 veces, una botella de cognac, un cura, una piqueta, entre otros.

El mecanismo que posibilita esta reflexión ha sido juntar, en un mismo espacio, alrededor de 25 historias que, en principio, no tienen nada en común, que son incluso distintas e inconexas. Pero que, a partir de un entramado narrativo en el que una historia conduce y explica a la otra, producen un sentido general.

El título hace referencia a un momento crucial en la vida del montañista, 15 años antes de su viaje a Ecuador, en el que se juntaron la gloria y la tragedia: la conquista del monte Matterhorn y el accidente fatal durante el descenso. Pero, sobre todo, es una imagen de la fragilidad de la memoria en la construcción del relato histórico.

Esta analogía tienta a plantear una hipótesis:

¿Es acaso el Ecuador el lugar ideal para hallar el olvido?